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Relación entre caballos y perros

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Relación entre caballos y perros – Una amistad diferente

relacion entre caballos y perrosLo que tú tienes, muchos lo pueden tener… pero lo que tú eres, nadie lo puede ser, único en tu especie.

 

No conozco todavía a ningún amante del caballo que no  abarque más razas a parte de la equina. Lo veo a diario.

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Zar se unió a nuestra manada siendo una bolita de pelo de mes y medio, enternecedor y gracioso como todos lo cachorros, donde a todo le buscaba utilidad.

Empezó a relacionarse con los caballos siempre supervisado por nosotros, ya que no era consciente del riesgo que corría, no por maldad sino por las dimensiones de los caballos. El respeto se estableció desde el principio, sobre todo con Merlín.

 

11868882_952728564773116_1998590594_nHe vivido en primera persona como se afianza la relación, la cual no me  deja de sorprender, tal vez debido a  mi ignorancia, no lo sé. He visto crecer perros cerca de los caballos, pero nunca entablar una amistad como esta.

Primero me pregunto como un depredador y su presa pueden ser amigos. Todos sabemos que los caballos tienen la gran necesidad de compañía, pero en este caso, suelto a menudo a los tres caballos juntos en sus paddocks donde practican juegos y hay un contacto directo, me parece muy importante para su salud mental.

Y, ¿por qué Merlín y no cualquiera de mis otros dos caballos, Rhon o Elvis? Zar intenta entablar relación con ellos, pero cada uno ha reaccionado de distinta manera, desde recular hasta defenderse de esa amenaza que ven en él.

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Todos sabemos la gran sensibilidad del caballo, pero Merlín es mucho más que ser sensible, es expresivo y necesita demostrar  su personalidad como caballo. Con él es una continua conversación sin palabras, observándole y mirándole, me lo dice todo, gracias a que he aprendido a escuchar e interpretar sus señales; conocer bien a nuestro caballo es esencial con tiempo y dedicación, muy importante para mi. Diría también que es muy juguetón, lo que le lleva a convertirse a veces en cómico, ya que me saca una sonrisa siempre y es muy cariñoso.

Practican a diario un ritual digno de ver, interactuan saludándose, se mordisquean y  se lamen mutuamente, con un respeto donde ellos han marcado el limite, aunque siempre estoy pendiente. Han sabido establecer muy bien los limites de su relación.
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En el momento que Zar ya empezaba a tener un tamaño considerable, empezó a venir de paseo con nosotros. Merlín evitaba pisarlo estando pendiente de él, tanto que cuando llamo al perro el caballo automáticamente se para y espera o incluso, se gira a buscarle.

En varias ocasiones fue el caballo el que alertaba al perro de un corzo o cualquier otra cosa que supondría una amenaza; una protección que no estaba acostumbrada a vivir entre animales.

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Merlín y Zan jungando, construyendo esa relación entre caballo y perro.

Una devoción mutua donde veo cómo se buscan e intercambian mimos, Merlín le permite todo; desde pasar entre sus patas e incluso dejarle chupar sus espejuelos hasta dejarse mordisquear los menudillos. Nunca le he visto autodefenderse.

Zar le provoca llevándole sus juguetes, para que el caballo los coja y tiren los dos, cada uno de un extremo, sin ninguno querer ceder.

No he podido captar con imágenes la mirada de Zar hacia Merlín, le mira con una ternura indescriptible, donde el perro emite sonidos a los cuales el caballo presta una atención como si entendiera todo lo que le quiere decir. Es alucinante ver esa empatía para percibir lo que sienten.

Una amistad increíble, que si el perro decide no venir de paseo tengo una discusión con Merlín para salir de la cuadra; si el perro adelanta al caballo, Merlín hará lo posible por alcanzarlo, haciendo carreras entre ellos; o sentir como el caballo reduce su velocidad para que el perro llegue a su altura o ver como intercambian miradas entres ellos cuando van a la par.

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Cuánto tenemos que aprender los humanos de los animales, ser testigo presencial de como empieza una amistad sana, transparente, respetuosa, afianzándose con el paso del tiempo, sin entender de razas, ni tamaños ni colores, llegando fácilmente a un entendimiento. Reforzando tanto el vínculo de la relación, que me arriesgaría a aventurar que se han hermanado. Es digno de ver, pero sobre todo de aprender y todo un privilegio ser partícipe de esta gran amistad.

Cada segundo aprendo de ellos, el día que pienso que no me han aportado nada, es porque realmente no he sabido escucharlos (Latido ecuestre).

 

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